¡No y otra vez no!, no con los vegetales, con la ciudad, con Bruselas… Un café con Bruselas. Aclarado esto, una vez más, ¿me dejarás continuar?

Eran exactamente las 14:45 cuando llegué, sin embargo ella ya estaba ahí. Mirándome con una sonrisa. Insinuando tal vez “de nuevo he llegado primero que tú”. Todos sabemos que corre con cierta ventaja en estos asuntos, por lo que me limité simplemente a corresponder la sonrisa con una mirada cómplice. Yo, ¿Cómo estás? Ella, como me ves, radiante, bella, pero no te olvides que soy fría y gris por dentro. ¿Y tú? ¿Cómo te he tratado? Pues ya ves – quise responder con la misma ironía – como siempre tratas a todos los que vienen. Déjate de idioteces – interrumpió – si no te gusta, puedes irte cuando quieras – mientras su mirada se tornaba caprichosa, diciendo “no mi interesas, pero sí”. Bueno está bien, no nos queremos  estresar ¿o sí? – Interrumpí – ¿pedimos? Si, ya muero de hambre.

Levantó la mano y enseguida acudió a nosotros un mesero. Nunca sabré cómo lo hace. Los engranajes pareciesen existir y girar para ella. Parecido a los feligreses que feliz acuden a su párroco una y otra vez, incansables, sin siquiera cuestionar en absoluto lo que emana de la boca repetitiva del que los guía; viven y existen para alguien que, habiendo descascarado el asunto en más de una oportunidad, al final del día, es etéreo e inexistente. Abstracto como una palabra e irracional como el amor.

Este mesero, engranaje perteneciente al sistema de mi compañera de mesa, sólo se limitó a intercambiar palabras con ella. No es que necesite diariamente de las miradas de los otros, pero una vez más, me hizo sentir sin importancia. ¿Señora? – Preguntó muy cordialmente y ella le lanzó por unos segundos una mirada penetrante antes de responder. Como soy yo quien está dando vida a este relato, me permitiré la licencia de desviar el tema para, solamente comentar lo mucho que adoro como logra transformar dos segundos en una eternidad incómoda. Como le incomoda al sediento el agua que no puede beber.

Son esas pausas que, quienes la llegamos a conocer y con quienes se ha abierto lo suficiente para permitirnos dar una pequeña mirada a su esencia, entendemos que las hace cuando se ve amenazado su Ego. Siempre tomará unos segundos de análisis antes de responder. Yo quiero una Duvel, grande. Él quiere una Jupiler, grande también y ambos queremos tu especialidad. ¿Mi especialidad? Preguntó el mesero. Hijo, si tu especialidad para con las chicas es tocar guitarra, entenderás que no quiero que te sientes con nosotros e intérpretes “Sonata Luz de Luna” en Fa Mayor. Me refiero a la  especialidad de la casa querido.

Podría haber hecho una foto de la cara de aquel muchacho pero no era necesario hacerlo sentir mal. Ella ya había hecho todo el trabajo. Para mi consuelo o en este caso debería usar la expresión “para sorpresa de los lectores a quienes me dirijo”, ¡Sí!, sí quería una Jupiler grande y también la especialidad de la casa.

Cuando el mesero emprendió rumbo a la cocina con la comanda apuntada, ella guardó el diario que estaba leyendo antes de yo llegar. Alcancé a leer lo que a ella le había llamado la atención: “París se cierra al mundo” Luego de leer el titular, alcé la mirada y ella la tenía puesta encima de mí. Es una estúpida, una engreída – dijo antes de yo insinuara siquiera algo. Yo, ¿Quién? Ella, ¡París! No entiendo de qué se jacta. ¿De sus hijos? A nadie le gustaba la Torre Eiffel. Alguien dijo que era chic y luego todos se enamoraron. ¿El Louvre? ¡El Louvre por Dios!

Mejor que el diccionario, el Louvre describe a la perfección la palabra “secuestro”. Porque es precisamente eso: un secuestro a la historia. Nunca lo he hecho, pero anda y pregúntale a El Cairo lo que piensa sobre el tema. ¿El Sena? ¡Malcriado! Bueno basta – interrumpí – no estás en edad para enojarte así. ¿Vieja?, ¿eso quieres decir? Y de nuevo esa mirada encima de mí. Esta vez leí entre líneas cierto atisbo de odio.

¿Hay alguien con quién no te lleves mal? Sí – respondió mientras su mirada rápidamente volvió a la normalidad. Me agrada muchísimo la familia danesa. Ordenada, preocupada de sus asuntos, no interfiere en el resto ni pretende manipular a nadie. Pese a vivir todos en las cercanías, son muy diferentes pero agradables.

Quiero hacer una pregunta íntima, que sé será incómoda para ambos y entiendo también que las probabilidades de que yo pierda mi lana son altas. Sé también que entrar en tierra derecha con ella es un asunto que siempre me asustó. Alguna vez lo quise hacer pero el miedo extendió su mano por encima de mi boca y sin yo quererlo, entré en pánico y dejé que me acallara. Debemos entender que Dios vive con los ángeles y en caso de yo necesitar cualquier tipo de ayuda… de nuevo, Dios vive con los ángeles. Pese a esto, existen muchos que se desviven por su Dios – no quisiera yo ponerle nombre para no herir sentimientos y no incitar a la subversión – y gastan la hermosa vida que se les fue otorgada adorando a lo etéreo sin preocuparse jamás que su júbilo proviene única y exclusivamente de quien está a su lado y no arriba.

En fin, nunca fui un hombre valiente pero si imprudente, dos características que pareciesen ser lo mismo pero no lo son. Dos palabras que nos presentan a hombres no-pensantes pero que sin embargo se diferencian solamente según el contexto en que sean expuestas. Aquellos que con sólo una chacra, a la que nadie podría siquiera llamar casa, teniendo la siempre difícil tarea de proveer alimento y cuidados a su mujer, entregada completamente a la devoción de su marido y a los hijos que su cuerpo le permitió concebir.

Aquellos hombres, los que ahora estoy describiendo y que me han hecho perder el hilo del relato pero que sin embargo merecen ser atendidos. Ellos que se levantaron en contra de la nueva República de su país, cuando corría un año que no recuerdo, alegando por la reducción del salario debido al incremento de los impuestos. Que hicieron de una hoz para cercenar trigo, arma para reclamar, se les tildó de valientes por sus pares e imprudentes por los republicanos. Luego, a esos hombres de Nueva Ley que ordenaron decapitar a los subversivos se les tildó de valientes y honorables al defender la República. Luego ese arzobispo hipócrita que rezó por las almas de los pobres e ignorantes desdichados, ingenuos e imprudentes al querer combatir la sed con agua salada, se le tildó también de valiente por hacer prevalecer la palabra de Dios por sobre el actuar del Demonio. Porque el Demonio, todos sabemos, habita en la desesperanza de quienes son abusados, de quienes deben dividir el pan en seis para alimentar una esperanza que nunca ha de llegar. Habita entre aquellos que integran el número exacto de pobres que se necesita para hacer a un rico.

Logré enfrentar el tema con ella esta vez. ¿De dónde viene todo ese odio hacia el resto? Me tembló la voz al cuestionarla de esa manera. Justo como tembló la mesa al momento en que nuestro presunto guitarrista interrumpió con el pedido. Once minutos tardaste en dos cervezas y la especialidad de la casa – arremetió con su inconfundible voz ajada producto del exceso de tabaco. ¿La tardanza se debió a que te quedaste pensando en que “Sonata Luz de Luna” no se toca en Fa Mayor sino en Do Sostenido Menor? El mesero sólo esbozó una sonrisa incomoda mientras dejaba mi cerveza enfrente de ella. Tremendo error – pensé – mientras al mismo tiempo trataba de alcanzar el vaso antes de que mi amiga dijera algo. Ella, ¿De dónde eres hijo? El mesero, del sur de Italia. Ella, once minutos no sé lo que significarán en tu tierra, que por lo demás conozco muy bien a Roma; perdida en el tiempo y en la cabeza de los románticos.

Pobrecita que aún no entiende que las únicas páginas que se dan vuelta son la de los libros y no las de la vida. En fin, once minutos para mí significan que me tengo que ir; causaste un retraso en mi agenda. Y tú – apuntándome con el dedo – vas a tener tu respuesta antes de lo que imaginas. Ahora quita tu mano del bolsillo que esto lo pago yo… Ah, es verdad – se detuvo – no tenías la intención de pagar.

Por: Tomás Bruron, Comunicador Audiovisual de profesión y con 31 años de edad, se desempeñó durante 8 años como Productor de TV tanto en CDF como en Fox Sports, realizando coberturas íntegras tanto de la Liga Chilena de Fútbol como certámenes tales Copa América 2015 – Chile y Copa Centenario 2016 – U.S.A

Actualmente reside en Berlín, Alemania, en donde prepara una maestría en Fotografía Profesional en “Die NeueSchulefürFotografie” y colabora con artistas locales en la creación de nuevos proyectos fotográficos y del ámbito social – cultural.

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