Ayer la selección alemana se proclamó campeona de Europa en la categoría Sub 21 tras derrotar a España por 1 a 0 en la final disputada en Crakovia. 48 horas después, el plantel de honor se enfrentará a Chile en la final de la Copa Confederaciones, a la que accedió como vigente campeona del mundo.

Sin embargo ni la selección Sub 21 ni la ‘absoluta’ están conformadas por sus habituales representantes. La Federación Alemana decidió que la Copa Confederaciones se debía disputar con un equipo ‘B’, para comenzar a explorar el recambio de jugadores de cara al futuro. Para ello armó una selección repleta de jóvenes talentos y la dotó del mismo estilo que sus predecesores: juego asociativo, propuesta ofensiva y efectividad marca de la casa.

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Esta decisión afectó de forma directa a la Sub 21. Con sus habituales jugadores en Rusia, el seleccionador de las categorías inferiores, Stefan Kuntz, debía buscar recambio más abajo. Y lo encontró. Si a los Neuer, Lahm, Ozil y Muller los sustituyeron Ter Stegen, Kimmich, Goretzka y Werner, a éstos se les encontró relevo en nombres hasta ahora desconocidos pero que han llevado a la Sub 21 a los más alto de Europa. Los Pollersbeck, Toljan, Meyer o Arnold nos sonarán a todos en unos años. De los jugadores que enfrentarán mañana a Chile, ocho podrían haber disputado el Europeo Sub 21, mientras que cuatro de los que se proclamaron campeones en Polonia ya han debutado con la selección adulta.

Este excedente de talento, que permite disputar y -quizás- ganar dos torneos con equipos alternativos, no es fruto de la casualidad. Hace tiempo que Alemania viene trabajando un estilo propio desde las categorías inferiores. Con España como referente, Jurgen Klinsmann apostó por un cambio contracultural al que Joachim Löw dio continuidad. La Federación Alemana de Fútbol apoyó esa idea y la hizo extensiva a todos los niveles. Solo así se explica que el estilo de la selección mayor sea reconocible en cualquiera de las selecciones inferiores, lo que permite a los jugadores rendir en todas las categorías.

No fue fácil pasar del mito del jugador alemán -alto, fuerte y por encima de todo competitivo- a una apuesta descarada por un modelo de fútbol totalmente distinto, donde priman los jugadores de buen pie, el juego de posición y donde se gana más por talento que por empuje. La llegada de Guardiola al Bayern se enmarcó también en esa voluntad de cambio; el club representativo del estilo alemán por excelencia también apostó por un ideal diametralmente opuesto.

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En un deporte marcado por la exigencia de resultados a corto plazo, ‘el modelo alemán’ aparece como un oasis en medio de proyectos fugaces que auguran pan para hoy y hambre para mañana.

Una final de Eurocopa en 2008, semifinales del Mundial en 2010, semifinales en la Eurocopa 2012 y el título de campeones del mundo en 2014 avalan la propuesta. Y es que en el fútbol germano ha cambiado todo menos una cosa: se juega once contra once y sigue ganando Alemania. Hasta mañana, esperemos.

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