Se puede hablar de Wimbledon como el torneo de Grand Slam más antiguo, más famoso, con unos códigos de vestimenta específicos y una superficie atípica en el circuito. Pero es más que eso. Wimbledon es tenis. Según Punto de Break, todo lo que circunscribe a este deporte queda aunado en las pistas del All England Club: tradición, evolución, espectáculo, respeto y pasión.

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Desde hoy, Wimbledon dará la bienvenida a jugadores y aficionados en su edición número 130. Además de esa cifra redonda, el torneo londinense está de celebración doble pues también se cumplen 125 años de su nacimiento en 1877. Originalmente, el Wimbledon se asentaba sobre el complejo del All England Croquet Club situado en Worple Road. Los primeros torneos disputados sobre dicho complejo no captaban la atención de los británicos, pues por aquel entonces también surgió el conocido como “deporte rey”, el fútbol. Sin embargo, la organización no desistió y continuó su labor. Este trabajo de fomento del tenis en Reino Unido dio sus frutos en 1877, año de fundación de Wimbledon, lo cual obligó a modificar el nombre del torneo y rebautizarlo con su actual identificación: All England Lawn and Tennis Club.

Al igual que ocurriera con Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos, Wimbledon se vio obligado a cerrar sus puertas durante las dos Guerras Mundiales a mediados del siglo pasado. Es más, durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes bombardearon el complejo tenístico y una de las cinco bombas lanzadas impacto sobre la Centre Court y otra destruyó la zona de los vestuarios. Una vez reanudada la actividad, en los años cincuenta, Wimbledon se traslada a su actual ubicación en Church Road.

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A partir de ese año, 1877, Wimbledon empezó a escribir con letras de oro sus primeras páginas en la historia del tenis. Ya se sabe que Wimbledon es tradición y, por ello, mantiene el tipo de superficie. La hierba es uno de los rasgos identificativos del torneo, además es una superficie escasa en el circuito y que ofrece un tipo de juego rápido y vistoso. Actualmente, el número de pistas de hierba se ha reducido en favor de la pista dura y la tierra batida, que acogen una mayor cantidad de torneos. Apenas se entrena y se compite sobre esta superficie. Sin embargo, no hay que olvidar que los orígenes del tenis están en las superficies de hierba. Wimbledon y el Abierto de Australia se jugaban sobre dicha superficie y lo extraño era encontrar pistas de tierra batida como en Roland Garros o de pista dura como en el Abierto de Estados Unidos.

Los primeros campeonatos de Wimbledon fueron jugados exclusivamente por hombres. Las otras modalidades que hoy disputan los torneos de Grand Slam se incorporaron en 1884. El contrapunto de esos primeros eventos sobre el tapete londinense y los actuales está el número de participantes, el aforo de las pistas y la duración de los partidos. En 1877, la Centre Court solo podía acoger a 200 personas y participaban 22 hombres por los 128 que lo hacen actualmente. El primer vencedor de Wimbledon fue Spencer William, a la edad de 27 años, que venció en la final a William Marshall por 6-1 6-2 y 6-4 en apenas 48 minutos de juego. Por otra parte, la primera mujer en tocar la gloria en Wimbledon fue Maud Watson.

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Wimbledon ha sido escenario de las constantes evoluciones que ha sufrido el tenis a todos los niveles, pero especialmente hay que destacar dos: la vestimenta y el juego. La primera siempre ha sido un clásico del tercer Grand Slam del año y obviamente la evolución ha estado muy presente en este aspecto. Desde finales del siglo XIX el patrón era claro y todo jugador debía acudir al torneo de blanco impoluto, sin ningún atisbo de otro color. En el caso de los hombres, camisa y pantalones largos era el uniforme requerido. Mientras que las mujeres debían ir ataviadas con vestidos largos y sombrero. Este código no tardó en ser modificado y comercializado, pues la aparición de las camisetas, pantalones y faldas cortas fueron aprovechadas por importantes marcas deportivas para poder invadir Wimbledon y sus costumbres. A día de hoy, cada jugador luce su traje deportivo blanco con el respectivo logotipo de la marca que lo patrocina.

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Como se dice, Wimbledon es la cuna del tenis. Sobre la hierba surgieron los primeros jugadores que desplegaban un juego basado en la muñeca y en la destreza cerca de la red. La potencia en el saque y en los golpes no se empleaban, a pesar de ser una superficie característicamente rápida. William Renshaw fue el dominador de Wimbledon durante esta época con siete coronas, seis de ellas de manera consecutiva. Entrados en la era Open hay que destacar tres nombres Björn Borg, Pete Sampras y Roger Federer. Borg ayudó a cambiar el clásico tenis de muñeca y sutileza por los habituales obuses que se ven actualmente. El sueco ganó cinco títulos, todos ellos consecutivos, que une a los seis Roland Garros. Fue un gran punto de inflexión para el tenis. La década de los noventa en Wimbledon solo tuvo un nombre, el de Pete Sampras. El americano comparte con Renshaw y Federer el record de títulos en Wimbledon con siete. Su saque inapelable y su derecha contundente implantaron una dictadura sobre la hierba londinense.

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Aunque el tenis actual obligue a los jugadores a jugar más próximos a la línea de fondo, incluso en Wimbledon, todos deben hacer una serie de modificaciones para buscar la agresividad con el saque, el revés cortado o las aproximaciones a la red. Y si a Wimbledon le siguiera otro nombre, sería el de Roger Federer. Siete son las veces que el suizo ha tocado la gloria en Londres, pero lo que le destaca y le eleva a la categoría del rey de la hierba es su juego. A estas alturas, nadie va a descubrir cómo juega Federer. Si Wimbledon cuenta con dos épocas en cuanto a juego, el helvético ostenta esas dos ramas tenísticas. Maravilla desde el fondo de pista y tiene una clase inconmensurable cerca de la red.

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Con el paso del tiempo Wimbledon ha cambiado, ha sabido adaptarse a cada etapa del tenis y del mundo en general. En 1967, Wimbledon fue el primer evento deportivo emitido en televisión a color. Lo que empezó siendo un torneo sin apenas expectación, hoy en día es el torneo más prestigioso e importante. Sobre el césped de Wimbledon se han vivido acontecimientos históricos como el partido más largo de la historia del tenis entre John Isner y Nicolás Mahut, que duró 11 horas y 5 minutos. También ha vivido la que para muchos es el mejor partido de la historia de este deporte: final 2008 entre Roger Federer y Rafa Nadal, un auténtico espectáculo que tuvo de todo y que el español puede presumir de haberlo ganador. Acontecimientos como este hacen de Wimbledon no solo el templo del tenis, sino uno de los eventos deportivos más seguidos del año.

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