Uno de los grandes atractivos del deporte es la capacidad que tiene para hacer que los sueños se conviertan en realidades, y que historias inverosímiles salten a la palestra inspirando a medio mundo. Sebastian Ofner es el protagonista de una de estas historias. A sus 21 años, este espigado y serio jugador austriaco, ha roto moldes en Wimbledon 2017. Pocos conocían a un chico cuyo inicio en el tenis profesional ha sido tardío y por la puerta de atrás.

Con los hermanos Melzer cuesta abajo y la irrupción de Dominic Thiem, pocos apostaban porque este hombre llevara la bandera de su país a la primera plana en un torneo como éste. Curiosamente, uno de ellos ha de ser el padre del propio Dominic: Wolfgang Thiem. Y es que el progenitor del top-10 mundial es el entrenador de este hombre cuyo semblante serio y sangre fría en pista han levantado tanta expectación como su pelo engominado que ni un tornado parece poder alterar.

De porte militar y notable polivalencia, Ofner no ha cosechado ni una sola victoria en un torneo ATP en toda su carrera. Clasificado en el puesto 214 del mundo, el austriaco ya generó cierto sorpresa con su presencia en la fase previa de Wimbledon 2017. Allí, comenzó con épica venciendo a Kimmer Coppejans por 7-6 (3) 4-6 10-8. El serbio Zekic y el local Clarke fueron sus siguiente víctimas en su camino hacia el cuadro final del torneo londinense, donde no quería ser un convidado de piedra.

Arrasó en primera ronda a Thomaz Bellucci por 6-2 6-3 6-2 y el sueño parecía poder diluirse cuando se vio encuadrado ante Jack Sock. Los dos primeros sets del partido pusieron de manifiesto el potencial de un hombre que se desplaza por la pista de hierba como si de un bailarín de claqué se tratara, y también puso de manifiesto un gran temple mental y despliegue físico. Y es que cuando Sock ya se relamía con una remontada, Ofner reaccionó y firmó su acceso a la tercera ronda.

Su aplomo en la celebración transmiten una tranquilidad poco convencional para un hombre que ha explorado sus límites en una semana como no se esperaba que hiciera en mucho tiempo. Ofner siempre ha sido introvertido y autodidacta, habiendo apostado por abandonar la academia oficial en la que estaba, por una escuela privada local a pocos minutos a pie desde su hogar, en Bruck an der Mur.

Habitual en los torneos Futures, este año ya avisó de sus posibilidades al colarse en la final del ATP Challenger Mestre, disputado sobre tierra batida, lo cual reafirma su versatilidad. Existe un dato que ilustra a la perfección la relevancia de lo que está haciendo el austriaco esta semana. En toda su carrera profesional había cosechado 46.000 dólares, y tras su derrota de hoy ante Alexander Zverev, se embolsó la módica cantidad de 116.000 dólares.

Sebastian Ofner podría convertirse en top-150 y su presencia hacerse más habitual en los grandes torneos. En su mano está disipar cualquier tipo de escepticismo sobre su continuidad en el circuito ATP. Además, es preciso señalar que puede entrar en la lucha por cosechar una plaza de cara a las NextGen Finals.

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