Apenas dos semanas para que el All England Tennis Club abra sus puertas y congregue a las mejores raquetas del circuito sobre la mítica hierba inglesa. El desfile de elegancia y sobriedad en las gradas, la predominancia del color blanco en la pista y jugadas con sabor a antaño son algunos de los elementos que hacen de Wimbledon el torneo más especial del año.

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Es el torneo que todo tenista sueña con ganar al menos una vez en su vida, pero que solo unos pocos consiguen. Federer y Sampras son los grandes dominadores de la era open en este torneo con siete entorchados. Antes de esta nueva etapa en el tenis, los británicos fueron los absolutos dueños de Wimbledon con William Renshaw, a finales del siglo XIX y Fred Perry, a mediados del siglo pasado, como grandes exponentes del dominio británico en dicho torneo.

La siempre respetuosa y entendida afición inglesa tuvo que esperar 77 años para ver como un británico volvía a levantar el trofeo de campeón. Fue Andy Murray en 2013 tras vencer en la final a Novak Djokovic. El escocés repitió título el año pasado y su primera medalla de oro en unos Juegos Olímpicos la consiguió también sobre la hierba de Wimbledon. Se puede decir que los mayores logros de la carrera profesional de Andy Murray se han fraguado sobre una superficie que aparentemente no se corresponde con sus características como tenista.

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Desde la retirada de Tim Hennan, Andy Murray se ha convertido en el jugador referencia de Gran Bretaña, en el elegido para romper la maldición que persiguió a los británicos en Wimbledon y en otros torneos en general. El tenista escocés se ha ido puliendo con el paso de los años hasta conseguir cumplir las expectativas que recayeron sobre él desde bien joven. Aquel adolescente con rizos alocados, delgado y con una mentalidad de cristal ha desaparecido para dar paso a un tenista que a base de un gran físico y un mayor convencimiento de sus posibilidades, además de los extraordinarios golpes de que dispone, ha conseguido erigirse como número uno del mundo y sumar a su palmarés tres Grand Slams y dos medallas de oro olímpicas.

Murray y Wimbledon

Según Punto de Break, lo realmente sorprendente de Murray es que no es el típico jugador británico con un saque excelente y un gran desparpajo en la red, sino que es en ese sentido un jugador completamente atípico. El escocés apuesta por un juego al contraataque, es decir, que cede la iniciativa de los puntos a los rivales y busca los errores de éstos. Esa es una de las grandes transformaciones en el juego de Murray. Siempre ha tenido la virtud de un gran contragolpe, pero nunca lo había explotado como lo está haciendo. Seguramente, sea el jugador con la mejor defensa del circuito junto con Rafa Nadal.

Murray apuesta por esperar en el fondo de la pista, pasar bolas, desesperar a los rivales y hacer una demostración de su potencial físico. Los passings y alcanzar bolas imposibles se han convertido en las nuevas especialidades del escocés, además de dar altura y modificar la velocidad de la bola. Esto, junto con la capacidad de golpear muy duro a la bola (especialmente con el revés), hace de Murray un jugador difícil de batir en cualquier superficie y acredita pues sus tres mayores logros sobre la hierba londinense.

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En teoría, este tipo de juego de espera en la línea de fondo puede resultar contraproducente para encarar un torneo de hierba, donde las características de bolas y superficie son totalmente opuestas. En una pista de hierba el tiempo de reacción para golpear la bola y el bote de la misma es mínimo, aspecto que favorece a los grandes cañoneros del circuito. Aunque esto es solo la teoría. Jugadores como Murray, con un juego más eficaz en tierra, han desestabilizado la teoría al demostrar que una gran defensa es un gran ataque también en hierba. Sin embargo, esto no quiere decir que un buen juego de piernas sea suficiente para alcanzar la gloria en Wimbledon. Hay que cambiar de mentalidad y ejecutar los golpes con un punto más de agresividad.

No obstante, no deja de ser curiosa la camaleónica transformación que hacen jugadores con unas características definidas y que pueden resultar más eficaces en otras superficies. Es otro de los elementos de evolución del tenis. Si se es versátil, las opciones de convertirse en un gran jugador aumentan.

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