Al cumplirse por estos días 10 años desde que el maestro Marcelo Bielsa asumió como DT de la Selección Nacional, nuevamente junto al reconocimiento de varios asoman también sus detractores.

Es que aún algunos no logran dimensionar el gigantesco aporte que el transandino significó desde su llegada a trabajar en nuestro alicaído fútbol. Ya olvidan con asombrada rapidez que los triunfos de la Selección eran además de esporádicos , y que no dejaban huellas tácticas ni menos daban motivos como para el entusiasmo o el elogio

Y no es cierto que no habían jugadores de la talla de los que ahora se consideran pertenecientes a una generación considerada dorada. Solo a vía de ejemplo, Salas, Zamorano, Navia, Vega, Caszely, Basay, Rubio, Vera y tantos otros , bien dirigidos , pudiesen haber conseguidos logros colectivos impensados.

Lamentablemente ellos fueron verdaderas víctimas de los hábitos y culturas tácticas predominantes en esos tiempos, reflejados en sistemas y formas de juego que claramente eran defensivas.

Cuidar la caja de fondo, frenar a los laterales, jugar con pocos atacantes, cerrar los partidos  y en definitiva, defenderse a más no dar para conseguir el triunfo o el empate, eran las consignas tácticas predominantes. Se ganaba si, y a veces pero, más que por méritos propios aprovechando errores del rival.

maestro
Bielsa dejo su huella en Chile.

Todo eso cambió con la llegada de Bielsa que borro de un plumazo, con su estilo y con su discurso, esos paradigmas introduciendo todas estas nuevas formas de juego y directrices tácticas que permitieron a la Selección desamarrase de estos nudos tácticos para exhibir un fútbol diametralmente opuesto.

“Los triunfos son importantes  pero por sobre ellos está la nobleza con que se consiguen”.

Será por ello entonces que, a pesar de no haber obtenido tantos triunfos que por lo demás se merecían, igualmente el hincha y algunos comentaristas y aislados DT reconocen su gran obra

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